Debates de verano / Feminismo

Prensa y Propaganda

Durante el verano se produjeron varios debates interesantes para pensar la realidad económica, política y cultural de nuestro país. Se trata de polémicas que, publicadas en varios medios de prensa semana a semana, se reprodujeron en las redes sociales generando controversia.

Por la pertinencia política de debatir estos temas, porque significan un aporte para pensar nuestra realidad y porque forman parte de los debates que tiene el movimiento popular, es que creemos necesario promover su lectura.

Esta edición debate sobre el rol del movimiento feminista y su accionar político, fundamentalmente en torno a la tensión entre libertad y represión presente en los espacios públicos.


 

Apege / 21 de enero / La Diaria

Pancartas sin carne

“No, muchachas, no, muchachos, no somos libres, y no es con cuatro gritos ni con una biblioteca sobre asuntos de género o de clases que lo vamos a ser, sino mediante la negociación traumática del territorio.

Es cierto que hay cosas que se han conquistado en pie de guerra, pero para eso hay que poner el cuerpo, el cuerpo todo, todo el tiempo, el tiempo que sea necesario, casi con voluntad de inmolación. Si no es o no será así, mejor respirar profundo y pensar que poner el cuerpo es ponerse en riesgo y que eso no depende de que uno se cuide sino, por lo general, de la voluntad hiriente del otro.

[…]

Digo otra cosa: una mujer no va sola a un boliche de machos cabríos (aunque quiera sólo tomarse un whisky con la mirada perdida a través de la ventana) como tampoco va un homosexual a ese boliche a levantarse a otro hombre o en procura del amor. Puede que suceda que la mujer y el homosexual tengan su ventana o su hombre, pero más seguro es que suceda todo lo contrario, lo indeseado, el desprecio.

Voy adonde quiero y como quiero porque mi cuerpo es libre y tengo derechos se parece más a un capricho que a cierto conocimiento duro del contexto que debemos tener si es que de verdad perseguimos espacios de libertad.

Nunca entendí esa conducta en reiteración real de, por ejemplo, afros, homosexuales y vulnerables sociales (utilizo ex profeso la corrección política) de ir a lugares donde detestan a negros, putos y pobres. Ese me aceptarás a prepo o bajo amenaza de denuncia o escrache resulta tan artificioso para la integración social deseada como los modelos fotoshopeados.”

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Hekatherina Delgado, Victoria Carranza, Victoria Verrastro / 29 de enero de 2016 / La Diaria

Somos cuerpo, no carne

“Es obvio que “no somos libres” y que cada una de las libertades -civiles y políticas- y los derechos sociales que tenemos son fruto de conquistas, como bien señala el autor. Pero aclaremos: esa “negociación traumática del territorio” la conocemos porque es parte de la historia de nuestros movimientos. La hegemonía nunca se disputó únicamente con argumentos para luego entrar pisando suavecito y sin cuidado.

Diariamente es muy cuestionado ese accionar “a prepo” que, justamente, fue el que llevó a las conquistas del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, a las del movimiento de resistencia anti apartheid en Sudáfrica (entre otros). Cuando Rosa Parks se negó a sentarse en el fondo del bus estaba exponiéndose, estaba “poniendo el cuerpo” en riesgo, estaba expuesta. Hay algunos que se molestan porque los estamos desafiando, pero lo estamos haciendo de una manera que no conocen; las feministas no tenemos nada que perder, es justamente por eso que luchamos: no nos interesa permitir que nos dominen ni dominar a nadie.

[…]

No necesitamos las retóricas aleccionadoras de siempre, vengan del lugar que vengan. Necesitamos a hombres y mujeres que estén dispuestxs a construir codo a codo sobre “la idea radical de la igualdad”. Necesitamos compañeros, no instructores. Pero sobre todo, lo que no necesitamos es una izquierda conservadora y envejecida, sorda a las nuevas demandas al punto de caer en la misma retórica y contradicciones que critica en la derecha.”

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Noel Sosa / 19 de febrero de 2016 / Zur

¡Caramba señoritas!

“Después de años de paciencia y de poner el cuerpo, que nos quieran enseñar lo que hay que poner  parece casi una falta de respeto. Que nos hablen de precios y libertades, un chiste viejo y malo. Vaya si hemos pagado el precio por nuestras mayores o menores libertades. Pagaron otras por las libertades que tenemos, pagarán nuestras hijas por las que no podamos conquistar. Nosotras y ellas hemos costeado con creces las libertades que tienen otros de disponer de su tiempo, su dinero, su cuerpo. Hemos decidido disponer de nosotras y, como mínimo, el precio es asumir en algún lugar de nuestra mente que podemos ser violadas cada vez que nos aventuramos a salir solas. El precio es también no ser aceptada en un trabajo por tener un cuerpo que se embaraza, el precio es un cuerpo más cansado por trabajar pero cobrar menos y tener doble o triple jornada. Todo lo hemos conquistado a pulmón, por eso nuestros cuerpos están siempre cansados y alertas.

Pero además, en un mundo hecho desde varones y para varones, en que las mujeres somos la costilla o la azuquíta para el café que se toman otros, nos hemos acostumbrado también a hacer el esfuerzo de traducción, porque pocas veces aparece en el otro el gesto de preguntarse lo que queremos transmitir o de empatizar. Contrario a ello, de modo cuasi jocoso en el texto sobre las pancartas y carnes se habla como si andar por la vida en tetas fuera el reclamo. No voy a detenerme en hacer el esfuerzo de explicar que no estamos buscando andar en bolas por 18 de Julio porque creo que es obvio. Las movilizaciones no son un tema de exhibicionismo. No se trata de bufar porque el soutien me da calor. Nuestros cuerpos cansados de tanto, hacen el esfuerzo por organizarse con otras y marchamos, con ropa o sin ropa, con carteles y con bandera, para decir basta a lo que nos tiene hartas. Como cualquier otra movilización, las nuestras están llenas de expresiones de deseo, de miradas al futuro, de afirmación y también de provocación. Como la que hace el propio autor de la columna hace en otra nota suya, al  invitar a los anormales y a los rotos a que salgan, sin pedir permiso ni perdón, a celebrar una fiesta dionisíaca por fuera de los parámetros del carnaval comercial.

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Valeria Rubino / 2 de marzo de 2016 / La Diaria

Una Pena, tantas penas

Hubo un tiempo en el que sosteníamos que era el proceso de debate colectivo en cada barrio, en cada trabajo y en cada casa lo que engendraba cambios culturales profundos y duraderos. Cuestionábamos además el aparato represivo, no sólo sus desmanes, sino su existencia misma. Leíamos y estábamos convencidos, en aquel tiempo, del accionar conjunto de los medios de comunicación, las “fuerzas del orden” y el sistema penal, en un sentido de clase. No creíamos que las cárceles estuvieran llenas de pobres por casualidad, sosteníamos que ése era justamente su sentido. Fuera cual fuera el delito, el origen de clase determinaba quiénes estaban dentro y quiénes no. Siempre un puñadito de ricos tras las rejas servía de zanahoria para hacernos creer que la ley era igual para todos. Pero para nosotros, los zurdos, la ley burguesa y su sistema penal eran otros de tantos elementos superestructurales destinados a organizar la sumisión popular.

[…]

¿Qué es lo que cambió y no nos dimos cuenta? ¿Será que la sociedad ya no es burguesa porque gobierna el FA? ¿Será entonces que ahora el sistema penal y el aparato represivo son caminos útiles y legítimos para luchar contra el patriarcado, contra la discriminación, contra la pobreza o contra los abusos de la humanidad sobre el resto del planeta?

Cabe hacerse estas preguntas una y otra vez, pero hasta ahora, a mi entender, la realidad indica que a ninguna cabe una respuesta afirmativa.

La ley antidiscriminación se ha mostrado notablemente inoperante. Justamente porque impone “penas” y no porque esas penas sean pequeñas. Tan es así, que las organizaciones sociales vinculadas a la diversidad tratan desde hace años de lograr que la legislación se radique en la materia civil, donde al menos son posibles el diálogo y la reparación. Y es que, como siempre creímos, la sociedad patriarcal y capitalista, racista y discriminante por definición, es justamente la que crea los monstruos de los que luego se desentiende, encerrando cada tanto alguno en un agujero, para construir así un relato de la barbarie en el que ella no es responsable de nada.

[…]

Que quede claro que no es de ahora, sino de siempre. Mande quien mande, gobierne quien gobierne, estoy contra la represión. Y a favor del gasto, mucho más gasto en protección, en vivienda, en acceso al trabajo, en defensa legal digna, en psicoterapia, para todas y cada una de las mujeres que enfrentan situaciones de violencia de género. Y sólo dos caminos me parecen adecuados cuando del movimiento social se trata: la lucha y la organización.

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