Debates de verano – ¿Tarifazo?

Prensa y Propaganda

Durante el verano se produjeron varios debates interesantes para pensar la realidad económica, política y cultural de nuestro país. Se trata de polémicas que, publicadas en varios medios de prensa semana a semana, se reprodujeron en las redes sociales generando controversia.

Por la pertinencia política de debatir estos temas, porque significan un aporte para pensar nuestra realidad y porque forman parte de los debates que tiene el movimiento popular, es que creemos necesario promover su lectura.

Esta edición debate sobre el aumento de las tarifas y su impacto en la inflación -y en los salarios-.


 

Martín Sanguinetti / 8 de enero de 2016 / Brecha

Llega en Reyes, no en Navidad

“Parece existir una excesiva preo-cupación por parte del directorio de Ute en mostrar que esta política no está pensada con el fin de afectar a la baja la presión inflacionaria, sino que es una forma de distribuir las utilidades de la empresa entre sus clientes, ya que se reparte el 1 por ciento de las ganancias del año anterior. Por otro lado, todos sabemos que las tarifas siempre han servido para el control de la inflación, y en particular esta modalidad llamada Ute Premia comenzó a utilizarse cuando la inflación se aceleró amenazando en cerrar el año 2012 con cifras cercanas al 10 por ciento.

[…]

Varias reflexiones pueden hacerse sobre el Ute Premia, veamos algunas. El control de la inflación es una cosa necesaria y deseable, ya que afecta principalmente a los trabajadores –hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de la población trabajadora asalariada no tiene capacidad para cubrirse de la inflación.
Por eso reducir la inflación a costa de los trabajadores no parece justo. La Ute no tiene ni nunca tuvo como objetivo en su normativa utilizar las tarifas como política antiinflacionaria, pero como fue comentado, esto no es nuevo y tiene un poder de incidencia muy grande. Esta incidencia es gracias a que tenemos empresas públicas que cumplen y han cumplido con sus cometidos y –como se ve en este caso–, con otros que no les competen.”

[Leer +]


 

Fernando Esponda / 22 de enero de 2016 / Brecha

Efecto neutro

“Cuando se analiza la inflación de un año, estos dos efectos se neutralizan. Así, el efecto del programa Ute Premia en 2015 fue doble: hizo disminuir la inflación de diciembre, pero había aumentado la inflación de enero. Cuando uno suma todo el año 2015 los efectos contrapuestos se anulan. Y la inflación –es decir, el crecimiento del conjunto de precios de la economía– no es afectada por el programa.

Por este motivo las comparaciones entre la inflación acumulada enero-noviembre y la que termina cerrando en el año (enero-diciembre) son tramposas para medir la incidencia de Ute Premia sobre la inflación. Perdón si parece un juego de trabalenguas, pero en lugar de decir: “la inflación acumulada en enero-noviembre era de 10,04 por ciento, y debido al efecto de Ute Premia terminó cerrando en 9,44 en el año”, entiendo que sería más correcto plantear “la inflación acumulada en enero-noviembre era de 10,04 por ciento debido al efecto de Ute Premia, y cerró en 9,44 por ciento en el año”.”

[Leer +]


 

Martín Sanguinetti / 28 de enero de 2016 / Brecha

No es neutral

“Ahora supongamos que existe un trabajador que consume una canasta dada de bienes y servicios. En el año cero su salario es de 100 pesos (véase recuadro). La canasta que consume también le cuesta 100 pesos. El trabajador puede así comprar el 100 por ciento de la canasta. Pero como la inflación estimada de 5 por ciento hará crecer el valor de los bienes y servicios que consumirá durante ese año, se le ajustará por adelantado, en enero del año 1, la pérdida salarial generada por la inflación anual. De modo que a partir del 1 de febrero, comenzará a cobrar 105 pesos. Debido a la inflación de enero y con el salario de ese mes, podrá comprar un 104,7 por ciento de la canasta. Si la inflación efectiva fue la pronosticada, este trabajador no tendrá pérdida de salario real y todos los meses podrá comprar la canasta. Incluso en los primeros meses tendrá un poder adquisitivo mayor, que irá perdiendo a lo largo del año.

Pero sucede que durante el año 1 la inflación fue mayor a la pronosticada por el Bcu, y cerró en 10 por ciento (suponiendo que todos los meses aumentó lo mismo). Esto hace que en diciembre del año 1 el trabajador sólo pueda comprar el 95,45 por ciento de la canasta, y no la canasta entera (cosa que ocurre desde julio de ese año). En el promedio anual podrá comprar un 99,8 por ciento de la canasta. En enero del año 2, se vuelve a ajustar el salario aplicando el correctivo de inflación: se había pronosticado 5 por ciento, pero fue de 10. Por lo tanto, en enero del año 2 vuelve a estar en la misma situación de un año atrás. Como la inflación es la misma, esta situación se repite para todo el ejercicio que dura este convenio.”

[Leer +]


 

Fernando Esponda / 4 de febrero de 2016 / Brecha

Intentando ver la luz

“Mi objetivo fundamental era precisar el impacto del Ute Premia sobre la inflación anual. Las ideas que intento trasmitir son las siguientes:

  1. El efecto de este programa sobre la inflación anual es neutro en los años intermedios de aplicación. Esto sucede porque Ute Premia tiene dos efectos: uno al alza en enero y otro a la baja en diciembre. Dichos efectos contrapuestos se anulan cuando se analiza todo el año.
  2. La comparación de la inflación acumulada enero-noviembre con la inflación anual es tramposa para evaluar el impacto de Ute Premia sobre la inflación, porque en el primer dato aparece solamente el efecto al alza de enero, mientras que en el segundo aparecen ambos efectos (el de enero y el de diciembre).
  3. Derivar de dicha comparación –que sugiere que sistemáticamente todos los años el gobierno genera una inflación anual “falsa”– que los salarios se ajustan menos que lo que se ajustarían sin esta política es incorrecto.”

[Leer +]


 

Pablo Messina / 4 de febrero de 2016 / Brecha

¿Hubo tarifazo?, esa es la pregunta

Sin duda el fundamento más favorable para hablar de “tarifazo” no radica en la baja del costo de abastecimiento de la demanda, que es sólo uno de los factores a considerar, sino en la inconsistencia política de los anuncios del Poder Ejecutivo. Los ciudadanos tenemos información limitada y no conocemos en profundidad las determinaciones de los precios. Es razonable que ante declaraciones que auguraban una baja de hasta el 30 por ciento entre 2014 y principios de 2016 se le llame tarifazo a la enorme brecha que se abrió entre lo prometido y lo acontecido. Además, la medida tiene claros componentes recaudatorios (1 por ciento del Pbi, según declaraciones del propio gobierno) y es entendible que la gente la perciba como una injusticia: ante el déficit fiscal, se optó por recaudar con tarifas y no con impuestos a los que más tienen.

Adicionalmente, las tarifas son precios de mercancías y servicios vitales para la satisfacción de las necesidades básicas. Acceder a la energía eléctrica en forma segura y en cantidades apropiadas es un derecho humano elemental. Cuando sube su precio se hace difícil modificar nuestra canasta de consumo para eludir dicho aumento, a diferencia de otros bienes. En un escenario como el actual, con aumentos de salario magros y posibles pérdidas reales para el sector privado, que se perciba como un tarifazo no debería sorprender a nadie, y no hay gráfica, por más bien resuelta que esté, que despeje esa sensación.

[Leer +]