El retorno de las ollas

En pocas semanas, la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo dio un vuelco inesperado.
Muerte, angustia, incertidumbre, cambios bruscos en la convivencia, nuevos hábitos y comportamientos, lo que es acompañado de un fuerte deterioro del tejido social donde lo económico-laboral afecta mayormente a la población más empobrecida.
Si bien en Uruguay el Coronavirus aún no golpeó con tanta fuerza en relación a otros países, en pocos días provocó un notorio cimbronazo social. El aislamiento y su consecuente afectación de la actividad económica llevó al cierre de empresas, derivó en el envío masivo de trabajadores al seguro de paro (casi 60 mil en tan solo algunas semanas) y dejó sin posibilidades de generar ingresos económicos diarios (es decir, la posibilidad de hacer el peso para el día) a miles de personas.
En los barrios de Montevideo, y en varios puntos del interior del país se produjo el retorno masivo de las ollas populares. Algo impensado para el Uruguay de los últimos años. Esa imagen de la leña o en el mejor de los casos, la garrafa, debajo de la olla, nos retrotrae a lo vivido en nuestro país en el inicio del año 2000 y que continuó extendiéndose en la histórica crisis del 2002. Pero el pueblo tiene memoria, capacidad de respuesta ante la adversidad y ante todo, un atinado sentido de solidaridad para momentos críticos.
Duele ver y escuchar a la gente decir que en esta actual circunstancia de aislamiento, no pueda tener un plato de alimento para sus hijos. Esa realidad, siempre estuvo ahí, latente, pero que hoy se manifiesta necesariamente.
Pero también reconforta saber que hay miles de manos solidarias en todo el país, que sin importar el riesgo sanitario, se la juegan para colaborar en quien lo necesite, tenga un plato de guiso o una sopa caliente. Que participe en las olls populares o en los merenderos de barrio. Se la juegan como nuestras compañeras y compañeros de la salud, que están al frente de batalla en esta lucha contra la pandemia.
También es bueno precisar que los discursos de diferentes actores políticos y de los medios de comunicación, confunden y entreveran la baraja. Esas mismas ollas, (símbolo de la resistencia) que en nuestros barrios se están utilizando para ayudarnos en esta crisis, son las que sonarán en estas horas en reclamos de medidas concretas para quienes son más golpeados por el estado de emergencia sanitaria.
El discurso que nos quieren vender es que al reclamar somos ingratos e insensibles ante el pueblo uruguayo que lucha contra la pandemia. Sino, que sin vueltas, el mensaje de las organizaciones sociales es de demanda de respuestas concretas, rápidas y urgentes para los más desprotegidos.
¿Cuál es la sensibilidad de un gobierno que en medio de una pandemia, afirmar y reafirma que aplicará un aumento de las tarifas? Justamente en tiempos en que nuestras compañeras y compañeros van al seguro de paro, se quedan sin trabajo y/o quedaron “colgados de un pincel”. ¿Por qué no escuchar la demanda de la Intersocial que propone 11 medidas concreta, como ser la asignación de una renta transitoria para los sectores más golpeados por el Coronavirus?
Evidentemente estamos en tiempos de ollas, de ollas populares, las que esperan de más manos solidarias para colaborar en la alimentación, y de caceroleos, porque es un instrumento popular de transmitir el reclamo de quienes en estos momentos más lo necesitan, cuando nos tenemos que quedar en casa.
Evidentemente estamos en un tiempo donde el protagonismo tendrá que ser de la gente, de la de a pié, organizada y militante.

Marcelo Bustamante, secretario de Comunicación y Propaganda de AFFUR