Taller sobre el 100° aniversario de la Revolución Rusa.

Alcides Garbarini

El pasado 25 de mayo se realizo en AFFUR un taller con el compañero Sebastian Ramírez, Coordinador de la Comisión por el Centenario de la Revolución de Octubre de la Argentina.

Como aporte al colectivo compartimos un articulo del compañero publicado en la Revista argentina sobre arte e ideas “La Marea”.

 

Repensando Octubre, ¿nostalgia o necesidad?

Algunos sucesos, al zarandear la historia, desatan mil lecturas. La realidad objetiva, esa que existe por fuera de nosotros, será apreciada por cada sector, con su mirada singular.

En nuestro cuaderno de viaje, unos cuantos hitos reafirman que seguimos en el Camino. El día en que Espartaco dijo basta; Cronwell empujando al patíbulo a Su Majestad Carlos I; la toma de la Bastilla, Moreno en la Primera Junta, el éxito (efímero) de la Comuna.

Y nuestro grandioso e irreverente 1917 en Rusia. Un antes y un después.

Ya 100 años…

¿Por dónde empezar el relato? Comencemos por el principio. Al menos por el inmediato.

Reemplazado el calendario juliano por el gregoriano los insurrectos de Octubre vinieron a enterarse que el asalto el Palacio de Invierno ocurrió un 7 de noviembre. Que más daba. Ya fuera octubre o noviembre emprendían una dura batalla. Habían ingresado en un inexplorado mundo nuevo.

Marzo

Para entender Octubre es ineludible pararse en Febrero.

Corre 1917. Un invierno crudo. La Guerra en su cuarto año. Muerte por metralla en el frente. Por hambre y frío en la retaguardia. Describirlo es incómodo. Vivirlo insufrible. Alguna gota colmó el vaso y comenzó el derrame de la furia contenida. Es el inicio de la Revolución de Febrero (que transcurre enteramente durante el marzo gregoriano).

Fábricas en huelga. El 8 de marzo1 miles de mujeres manifiestan en Petrogrado bajo la consigna de ¡¡¡PAN!!! Muchos hombres las acompañan. El Pueblo va ganando las calles. Las marchas se van haciendo multitudinarias. Los reclamos se radicalizan. La respuesta del Padrecito Nicolás es la represión. Cuando su orden es acatada la sangre riega las calles. Cuando no los soldados ajustician a sus oficiales y se suman a la rebelión. Ya se escuchan las voces de ¡abajo el Zar!, ¡basta de guerra! Los principales arsenales caen en manos de los levantiscos. Las tropas ya no pueden bloquear los puentes y las barriadas obreras “invaden” la City. Nicolás retira del frente de guerra regimientos leales. Muchos desertan. Los ferroviarios hacen correr los trenes en redondo, alejándolos de la Capital. Los refuerzos nunca llegan. Finalmente el Zar abdica. Los alzados han derrocado una dinastía de 300 años.

Para captar la intensidad de lo que estaba ocurriendo hay que hablar de magnitudes. La metalúrgica Putilov concentraba 35.000 obreros. La guarnición de Petrogrado 150.000 soldados. La base de Kronstadt, unos 15.000 marinos. Las fábricas tomadas y los cuarteles en estado asambleario. Única fuerza represiva confiable: la Ojrana con 7.000 uniformados e innumerables informantes. En esos días de Marzo algunas marchas congregaron 250.000 personas. Gente enojada y altamente decidida.

Los bolcheviques eran un partido pequeño. ¿Cuántos serían en ese magma revolucionario? Hay quien dice “unos 5.000”. Con inserción en las fábricas y en las barracas militares, aún así, un peso insuficiente para determinar el rumbo. A la caída del Zar la Duma2 designa un Gobierno Provisional. Una coalición de partidos burgueses y socialistas. Entre estos últimos destacan los eseristas (social revolucionarios) y los mencheviques. Tras una transición, a partir de julio, el Gobierno será presidido por el eserista Kerenski. El panorama pareciera encaminarse al sosiego de no ser por las insolencias de un “colectivo” al que nadie había tomado en cuenta.

Soviet

Una creación de las masas durante la Revolución de 1905. Días antes del desmoronamiento de la monarquía 250 delegados dejan constituido el Soviet de Petrogrado de los Diputados Obreros y Soldados. Convoca a elegir delegados (uno cada 1.000 obreros; uno por cada compañía). El Soviet llega rápidamente a congregar 3.000 diputados. La primera minoría, los eseristas que forjan alianza con los mencheviques. Entre ambos aportarán varios ministros al Gobierno. Estaba todo dispuesto para una convivencia mansa entre Soviet y Gobierno. Pero con el correr de los meses la correlación de fuerzas se fue modificando y la relación entre Soviet y Gobierno se encrespó. Esta dualidad de poderes no podría mantenerse en equilibrio por mucho tiempo. La anodina Duma procuró ser un tercero en discordia sin la menor suerte.

Abril

Y un día llegó Lenin3. El 16 de abril regresaban a casa los proscritos. Uno en el grupo, Wladimir Ilich Ulianov. La crónica de ese reencuentro es conmovedora. Muchos miles lo esperan en el andén ferroviario. Tantos más flanquean su recorrida por las calles. Carros artillados lo escoltan. Desde la Fortaleza de Pedro y Pablo los reflectores iluminaban la escena. Una bienvenida que excede en mucho la capacidad movilizadora de aquel pequeño partido de hace tan solo un mes.

La conmoción revolucionaria todo lo trastoca. El mecanicismo tan en boga dificulta advertir la aceleración de los procesos y los saltos tanto en la situación como en las conciencias. Masas en movimiento tensan las contradicciones. Y se producen infinitas interacciones que tocan las fibras más profundas de los protagonistas modificándolos. En una revolución no hay extras, somos todos actores. A la fecha del arribo de Lenin muchas cuestiones habían comenzado a variar.

A un mes de la asunción del Gobierno todo parecía empeorar. Los problemas en alza y las expectativas en baja. El Soviet de Petrogrado crea milicias en reemplazo de la disuelta policía zarista. Y comienza a editar el diario Izvestia. Imaginemos los malabares de los dirigentes “socialistas” para explicar frente a 2 o 3 mil diputados la razón de Estado que impedían distribuir alimentos o retirar a Rusia de la guerra. Brusco cambios en la correlación de fuerzas y el consiguiente crecimiento de los bolcheviques.

Manos a la obra. No hay un minuto que perder. Al día siguiente de su llegada Lenin anuncia sus “Tesis de abril”. Aclara que son sus opiniones ya que no tuvo ocasión de contrastarlas con el CC. Las adelanta a través de sendas intervenciones (una ante un plenario de bolcheviques e inmediatamente después ante diputados al Soviet). Días después las ratifica en un artículo que publica el Pravda.

Las Tesis significaron una huracanada de aire fresco. Sacudieron una estrategia errática de los bolcheviques reemplazándola por otra para el Poder. Una nítida caracterización del Gobierno Provisional. Los burgueses en el Poder son impotentes para sostener incluso las propias banderas de la revolución burguesa. “Los bolcheviques no tenemos nada que ver con este Gobierno”. “La Paz y la Tierra, no pueden esperar”. Por lo tanto a poner el Norte hacia otro Poder basado en la alianza de proletarios y campesinos. El actual Estado es irreconciliable con las tareas que tenemos planteadas. Un nuevo Estado, basado en los Soviet. Esa originalidad rusa surgida de las rebeliones será la expresión de la democracia grande y la depositaria del Poder real en la nueva sociedad.

Este ideario (no sin conflictos internos) galvanizó a los bolcheviques y los hermanó con una corriente que venía demandando respuestas.

El Jefe

Il Capo” Tal el título del homenaje póstumo de Gramsci a Lenin. La noción de Jefe no cuenta con buena prensa. Lo dominante en nuestros días es el culto al individualismo. Los sostenedores del statu quo disponen de poderosas palancas para naturalizar su ideología. Nos maceran con su cotorreo pasatista y negacionista de las criminales injusticias. Y nos ofrecen su stock de “lideres” a su medida. En condiciones de alta asimetría, quienes enfrentamos la cultura dominante, trabajosamente vamos forjando nuestros Jefes.

Las masas oprimidas fueron las grandes protagonistas de la revolución rusa. Estas, al testear las cualidades de ese pequeño Partido bolchevique, lo hizo grande. Y lo ungió como su Dirección. Entre masa y vanguardia se fue tejiendo una relación dialéctica que los mejoró a ambos. Este proceso, virtuoso como pocos, es impensable sin el papel que cumplió Lenin.

En su “Loa de la duda” Brecht nos alerta. Desconfíen de las verdades reveladas. La infalibilidad suele ser una trampa. Por lo tanto dudemos. Sin mengua del necesario espíritu crítico vemos en Lenin al Jefe omnipresente.

Si no hubiese aportado nada más en su vida…4

Ante la indecisión en su propio Partido Lenin se va llenando de razones. Éstas pudieran sintetizarse así: la alianza de burgueses y terratenientes con la complicidad de los socialistas moderados, había agotado la revolución democrático-burguesa sin resolver uno sola de las tareas planteadas. Por lo tanto etapa cerrada. Ello ponía a la orden del día encaminar el barco hacia la revolución socialista. Esta será la estrategia y todas las tácticas deben apuntar a crear las condiciones para una insurrección triunfante. A la insurrección no se juega y aún falta mucho por resolver.

Durante unos meses reside en Petrogrado. La legalidad ayuda. Tras la derrota de las Jornadas de Julio5, sobreviene la represión. Lenin pasa a la clandestinidad y durante los siguientes meses se oculta ya en las aldeas vecinas a la Capital, ya en Helsinski6. Durante ese trajín mantiene el contacto con los organismos partidarios. Escribe y escribe. Algunas cartas son frontales respecto de posiciones o actitudes de miembros del CC a quienes supone claudicantes.

En esas condiciones parió “El Estado y la Revolución”. Uno de sus aportes fundamentales. Allí esta “todo”. En tono risueño nos avisa que interrumpe su escritura porque lo han llamado para hacer una Revolución.

El Jefe imprime su sello a todas las disciplinas que demanda una situación revolucionaria directa. La siente en todas sus fibras. Evalúa las más mínimas señales. Tanto las favorables como las contrarrestantes. Sabe que la puerta permanecerá entreabierta solo por un tiempo. Y que será imperdonable faltar a semejante cita.

En su “Consejos de un ausente” le recuerda al Partido, (con citas de Marx y Dantón) que la insurrección es un arte que requiere audacia. Y que, por supuesto, tiene leyes que es preciso conocer y respetar.

No hay aspecto teórico o práctico que libre a la improvisación. Golpea una y otra vez sobre el mismo clavo. Con vehemente certeza motiva al Partido para pasar a los hechos. Ya está instalada la consigna de ¡Todo el Poder a los Soviet! Ahora, a definir cuando.

El 20 de octubre retorna a Petrogrado. Se avecina el II Congreso Panruso de los Sóviets de Diputados Obreros y Campesinos. Ese será el momento. El Soviet de Petrogrado conforma un Comité Militar Revolucionario el que aprueba un minucioso plan de acción para la madrugada del 7 de noviembre. El acorazado Aurora da la señal y los destacamentos rojos se hacen fuertes en los puntos estratégicos previstos. Y finalmente toman el Palacio de Invierno, sede del Gobierno Provisional.

Congreso

El II Congreso Panruso comienza a sesionar con la insurrección ya consumada. La correlación de fuerzas es ampliamente favorable a los bolcheviques. Una segunda bancada, la de los eseristas de izquierda apoya igualmente la Revolución. Lenin, que pasó la noche en el Instituto Smolny7 se presenta ante el Congreso.

Son varios los nudos conceptuales que nos proponen esas intensísimas horas:

  • Mayoría. Los bolcheviques contaban con un 65% de los delegados al Congreso. Representatividad no les faltaba. También mayoritarios en el Soviet de Petrogrado. Pero en la inmensidad de la madrecita Rusia ese puñado de Diputados era una gota en el océano. Pudo no haber ocurrido así pero lo cierto fue que, tan solo con cumplir los compromisos con las masas (tantas veces burladas) en muy poco tiempo los bolcheviques fueron reconocidos por esas grandes mayorías y se hicieron mayoritarios.

  • Paz. Lenin presentó al Congreso las propuestas principales. En primer término la resolución sobre la Paz. Tema complicado ese de retirar de la guerra, unilateralmente, a uno solo de los contendientes. El Decreto sobre la Paz se dirige a todos los beligerantes. Reclama conversaciones para alcanzar una paz inmediata, sin anexiones ni indemnizaciones. Se establecen principios de indiscutida justeza. Pero los mismos conllevaban el riesgo de negociaciones interminables que obligarían a sostener los frentes de combate y consiguiente quedar atrapados en la guerra. Por eso Lenin aclara que los términos del Decreto no constituyen un ultimátum tipo “lo toma o lo deja”. Para cumplir con la palabra empeñada ante los propios el único real principio en juego era retirar a Rusia de la guerra. La implementación del Decreto no estuvo exenta de conflictos intestinos. El principal de estos: la morosidad de Trotski en firmar el Tratado de Brest Litovsk.

  • Tierra. El Decreto sobre la Tierra es la prueba viva de la ductilidad con la que Lenin encaraba las cuestiones nodales. Los bolcheviques, con mayoría propia en el Congreso de los Soviets postergan su propio proyecto agrario y elaboran el Decreto sobre la base del programa de los eseristas8. Esto reafirmó la alianza obrero campesina. A la sazón condición de sobrevida de la propia revolución.

  • La dictadura del proletariado. Esta será la naturaleza del Estado socialista. De tanto reiterarla quizá hayamos dejado de preguntarnos ¿porqué el proletariado? Lo cierto es que la miseria castiga a muy diversos sectores sociales. Modernos siervos de la gleba, con su economía de subsistencia, puede, ser mucho más miserable que cualquier obrero industrial. Pero mientras la burguesía y los terratenientes dispersan y desunen a los campesinos y demás sectores pequeño burgueses necesitan “encerrar” bajo el mismo techo a quienes venden su fuerza de trabajo. Por tanto y mal que les pese cohesionan, unen y organizan al proletariado para la producción. Y este usufructúa esta disposición para sus propios combates. No existe otra clase que, adquirida conciencia de tal, se plantee terminar con toda explotación. En nombre propio y en el de la sociedad en su conjunto.

El socialismo.

Un inmenso país desvastado. Para negociar la paz hacían falta 2. Se estableció un armisticio roto en varias oportunidades. Recién en marzo del 18 se firma el tratado definitivo a un tremendo costo territorial. A inicios del 18 se crea el Ejército Rojo que deberá preservar la línea del frente y progresivamente enfrentar a los blancos en una sangrienta guerra civil. Consumada la derrota de Alemania los vencedores invaden Rusia prontos a darle un escarmiento.

Y en medio de esas caóticas circunstancias comenzaron a implementarse las transformaciones socialistas.

¿Se sostendrán…

los bolcheviques en el Poder?”9 Nadie daba 5 centavos por la afirmativa. Excepto los propios bolcheviques. Y cuando el Poder mostró el rumbo nuevos contingentes pasaron a decir “ayudemos para que si”.

Lo cierto es que se sostuvieron. No faltaban razones objetivas y subjetivas para el fracaso y las fueron enfrentando (y superando) una a una. La fragilidad de la situación se puede entender cuando un emocionado Lenin celebra “ya hemos durado un día más que la Comuna de París”.

El arma “secreta” en la que confiaban los bolcheviques no funcionó. La tan necesaria extensión de la revolución a otros países europeos no fue. Y no porque no se intentará. Fue derrotada. Era poco lo que tendrían que reprocharse los bolcheviques por tamaño traspiés. Pero su costo fue mayúsculo.

Trascendencia

Por vez primera se construía una sociedad sin explotación. Y los explotados de antaño eran el nuevo Poder. Un quiebre en el devenir de la Humanidad.

Al poco tiempo comenzaron a verse los frutos. Heroicidad para derrotar la invasión extranjera y la calaña blanca. Y una gigantesca movilización de masas para construir su socialismo.

La Rusia socialista, los bolcheviques, nuestro Lenin, se convirtieron en una potente luz iluminando la noche interminable. La corriente de Octubre anidó en el proletariado de otras latitudes con hambre de socialismo; en las ansias de liberación de las naciones oprimidas por el Imperialismo; en movimientos sociales como nuestra Reforma Universitaria; entre los intelectuales de las más diversas extracciones políticas. Los “progres” de ese tiempo saludaron con generosidad su ejemplo.

Restauración

Lo que fue ya no es. Simplemente una reflexión (que no agota el tema). Hobsbawm le adjudica a Napoleón este amargo comentario: “el Emperador de Austria ha sobrevivido a tantas guerras perdidas; el rey de Prusia salió indemne de tanto desastres militares que le significaron resignar la mitad de su territorio… mientras que yo, el hijo de la revolución francesa, pierdo todo a la primer derrota”. El burgués devenido Emperador se queja con razón. Las dos almas de la Historia alegarán lo suyo. La conservadora, impiadosa con los advenedizos, le diría: “ellos si, vos no”. La que empuja el carro hacia delante bramará: “¡que no te derroten!”.

Miles de años de sociedades clasistas, apoyadas en la sacralización de la explotación, no pasaron en vano. Para hacer realidad nuestra osadía deberemos enfrentarlos en todos los terrenos. Y jamás subestimar el peso de los resabios de su ideología en nosotros mismos.

El socialismo perduró un tiempo. El suficiente para demostrar su potencialidad transformadora. Más allá de las fanfarronadas de algún jerarca travestido pudo demostrar a los ojos del Mundo que el socialismo era decididamente superior al capitalismo. Así lo entendieron aquellos que siguiendo el camino de Octubre hicieron sus propias revoluciones.

Lenin sostenía que, aún después de triunfada la revolución y durante un largo período, el peso de lo viejo tendría alta “capacidad de fuego” contra lo nuevo. Y alertaba contra la fragilidad ideológica en el seno de la propia vanguardia. La advertencia es retomada por Mao cuando señala que la lucha de clases continúa (y aún se agudiza) bajo de la dictadura del proletariado.

Está claro que los anticuerpos no fueron suficientes. Y los redivivos burgueses emboscados en el socialismo restauraron el capitalismo.

¿Nostalgia o necesidad?

Confiamos en que la pregunta se contesta sola. Conmemoramos el Centenario de Octubre por lo que significó y por lo que esperamos vuelva a significar.

La transformación de señeros países socialistas en potencias imperialistas ha sido una trágica derrota. Con su correlato de desilusión y escepticismo.

Habiendo reunificado el mercado capitalista mundial, no faltaron los que sugieran ¿no habrá llegado la hora de un capitalismo más humano? Se alzan voces contra los excesos. Pero el salvajismo no es una excrecencia del capitalismo. Está en su esencia.

Los rasgos que señalara Lenin en “El Imperialismo” están todos ellos vigentes multiplicados por mil. Su impudicia se hace cada vez más intolerable. Como nunca las crisis, sus guerras y la sublimación de todas las injusticias.

La irracionalidad y el derroche no provienen de la perversidad de alguno que otro. Los perversos no faltan pero tanto estos como los “honorables” son rulemanes de una rueda que rueda y rueda hacia el precipicio. Ya entonces hablaba Lenin de un capitalismo parasitario y en descomposición. ¿Qué no diría hoy? La empresa más valiosa del mundo no extrae petróleo ni fabrica un tornillo. Es Google y vende humo. En el ranking de las más grandes las 7 primeras son bancos.

Malo desconocer su poder de daño. Peor creerlo omnipotente. Imposibilismo y resignación a lo posible, dos caras de la misma moneda: Lenin dedicó muchas páginas a enfrentar a los oportunistas que “resolvían” las dificultades evitándolas. Con firmeza y con responsabilidad admite que las tácticas pueden ser variadas pero que la piedra de toque es una sola: jamás perder de vista las tareas estratégicas.

Los buenos, los mejores y los imprescindibles10

Hubo un tiempo, no tan remoto, en que el proletariado y los Pueblos andábamos viento en popa. Ese mundo ya no está. Hoy están a la ofensiva nuestros enemigos. Buenos, mejores e imprescindibles, todos somos necesarios en las batallas que se avecinan.

Lenin sostenía que luchábamos en la Época del imperialismo y las revoluciones proletarias. Qué difícil es afirmarlo sin más dado los porrazos recibidos. Pero, ¿desde cuándo los grandes objetivos son sólo para los días soleados? Las decuplicadas iniquidades del imperialismo son el mejor recordatorio para no suprimir del Programa real el gran objetivo por el que peleamos. No está en discusión la importancia de la lucha económica e incluso de las reformas. Pero que nadie pretenda que los revolucionarios nos circunscribamos a ellas.

El Octubre de de hace 100 años no nos dejó recetas. Nos ofrece llaves. No nos van a faltar los trances. Benedetti proponía “Con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero”. Si no perdemos de vista la meta y cometemos los menos errores, más temprano que tarde habrá revoluciones que saludar.

Sebastián Ramírez

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1 Desde 1910, Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

2 Un Parlamento decorativo.

3 El regreso tras largos años de exilio.

4 Las contribuciones de Lenin son incontables. Gramsci nos habla de su papel a lo largo de toda una vida: “¿Era por casualidad jefe del partido bolchevique? Y el partido bolchevique, ¿era por casualidad el partido dirigente del proletariado ruso y, por tanto, de la nación rusa? La selección duró treinta años, fue laboriosísima y tomó a menudo las formas aparentemente más extrañas y absurdas”.

5 Una combativa y espontánea asonada que aún juzgándola prematura los bolcheviques no abandonan a su suerte.

6 Tengamos en cuenta que Finlandia era a la sazón parte integrante del Imperio Ruso.

7 Cuartel General de la insurrección.

8 Los que habían sido Gobierno desde marzo sin mover un solo dedo por implementarlo.

9 Folleto de Lenin, escrito antes y publicado después de Octubre.

10 Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”.