La negativa de la mayoría del Parlamento nacional a votar el desafuero del senador Manini Ríos para que la justicia pueda juzgarlo por un tema referido a violaciones de los derechos humanos, surgidas a raíz del “Tribunal de Honor” militar que se realizó al represor José Gavazzo, duele profundamente en la sensibilidad.
Treinta y cinco años han pasado del retorno a la democracia en Uruguay, tres partidos políticos han estado en el gobierno, y la impunidad sin embargo aún nos golpea, aún sigue habiendo desaparecidos.
Seguramente los historiadores podrán decir que el origen de la impunidad actual se gestó en el pacto político que se realizó con los militares para salir de la dictadura, una de cuyas consecuencias más infames fue el engendro de la ley de caducidad, ley que hoy no se podría ni siquiera considerar porque viola todos los tratados internacionales en materia de derechos humanos.
Esa ley “de impunidad” fue promovida en su momento por los partidos tradicionales, pero recordemos que también, 20 años después del retorno a la democracia, cuando asume el Frente Amplio en el 2005, tampoco la anuló. Y no nos olvidamos de los dos plebiscitos que perdimos, pero no creemos que el juzgamiento de crímenes de lesa humanidad deba quedar sujetos a los devenires electorales.
Así y todo seguimos luchando por Verdad y Justicia. Esta lucha es imprescindible no solo por el dolor de los familiares de los detenidos desaparecidos, es imprescindible para poder reconstruir nuestra sociedad, nuestro país y nuestro futuro sobre otros valores. No hay ningún futuro humanamente digno si no se construye sobre las bases de la verdad y la justicia. No se construye el futuro de una sociedad barriendo las miserias para abajo de la alfombra, porque ello sería la semilla de futuras desgracias. No se construye una sociedad sobre la base de leyes que violan los tratados internacionales de derechos humanos, sobre la base de pactos secretos entre militares y civiles para ocultar información sobre crímenes de lesa humanidad, en fin, para mantener la impunidad.
Hoy la sociedad uruguaya se entera públicamente que para el Ejército uruguayo, el actual, es un deshonor usar una peluca y no cumplir la palabra empeñada de no fugarse de un arresto, pero nada se dice sobre las confesiones de haber torturado, asesinado, desaparecido… Para el actual Ejército nacional es un “deshonor” haber mandado preso a un camarada por un crimen que no cometió, pero no lo es haber torturado y asesinado… ¿Qué futuro podemos construir sobre estas bases?
El futuro lo construimos hoy con nuestras acciones presentes, así como lo que hoy sucede es producto de las acciones del pasado.
El senador Manini Ríos debe ir a la justicia, y los represores que andan sueltos, o con arresto domiciliario, como el caso del torturador y múltiple asesino Gilberto Vázquez, deberían ir a una cárcel común.
Los políticos, de todos los partidos, que de una u otra manera han sido cómplices, o son cómplices, de la actual impunidad, deberían preguntarse qué futuro están ayudando a construir, que valores son los que están promoviendo, en definitiva, qué sociedad queremos gestar, porque quien no aprende de su pasado, está condenado a repetirlo.
Seguiremos exigiendo saber la verdad y dónde están, y junto con los familiares de detenidos desaparecidos encontrar la verdadera paz que surja de esa verdad.
Mesa Ejecutiva de AFFUR.

















